
Alguna vez he mencionado que una de las cosas que más me gusta hacer en verano es bajar el río Sella en kayac.
La primera vez que lo hicimos fue hace dos años, alguien nos había hablado muy bien de esta aventurilla, así que allá que nos fuimos Marcos y yo. Tuvimos mucha suerte con el alojamiento porque encontramos una especia de albergue regentado por una pareja de chicos muy majos, súper barato: 12 euros cada uno por noche con desayuno incluído.Tuvimos la suerte de que al albergue estaba vacío, así que no nos tocó compartirla habitación con nadie, ni tampoco el baño. Además, estos chicos nos facilitaron mucha información sobre empresas que se dedicaban a la multiaventura, y nos recomendaron la empresa de unos colegas suyos que, entre otras cosas, hacían el descenso. Así que nos levantamos temprano el sábado y nos acercamos al paseo de Ribadesella a contratar la excursión.
El rollo consiste en que te montas en una furgo con más gente y te llevan a Arriondas, en donde te dan chaleco salvavidas, el bote estanco donde está la comida (dos botellines de agua, un bollo preñao, una manzana y un dulce) y te bajan al río. En el kayac pueden ir una, dos y hasta tres personas. Nosotros siempre vamos los dos juntos, es menos cansado a la hora de remar.En el río, te enseñan el manejo básico del remo, te dan el kayac y te echan al agua. El trayecto suele durar todo el día, sales del río sobre las 12 de la mañana y te recogen sobre las 5.30 o así de la tarde, todo depende de la calma con que te tomes el descenso.
Nuestra primera vez fue muy divertida, se nos daba muy bien eso del remo, no como a otros que no hacían más que girar en torno a sí mismos, o chocarse con los demás kayacs, puesto que un día normal te puedes encontrar en el río más de 500 piraguas.
Nos flipamos un poco porque cada vez que veíamos un rápido, en vez de coger el otro lado del río, nos tirábamos a por el peligro como descerebrados; lo cierto es que nos salía muy bien, entrábamos muy deprisa en el rápido y enseguida girábamos los remos en el sentido correcto para no chocarnos contra la orilla. El problema de esta osadía era que entraras en el rápido con otras piraguas y te chocaras, lo cual significaba volcar, y en el rápido es un poco peligroso por las corrientes del propio río. Y algo parecido nos ocurrió. Íbamos a coger un rápido por la izquierda del río, lo cogimos muy bien, pero la salida era complicada porque había otra curva hacia la derecha muy chunga, ya que lo que cerraba la curva era una roca. Salimos del rápido muy bien, pero muy deprisa, así que chocamos contra el pedrusco; hasta ahí bien, íbamos a clavar los remos para salir cuando, de repente, una piragua con dos chicos, más descerebrados que nosotros salieron como locos del rápido y empotraron su piragua contra la nuestra, volcándonos justo contra la roca y en medio de una gran corriente. Yo me hundí, tragué agua varias veces, y cuando salí a la superficie estaba unos 8 metros río abajo. En esta perdí un zapato de agua, las gafas de sol y a Marcos, que estaba sujetando la piragua y cagándose en la madre que parió a los dos memos que nos habían volcado. Me agarré a un kayac que pasaba por allí para que no siguiera arrastrándome la corriente, hasta poder quedarme en algún lugar donde tocara el suelo
Marcos como loco porque no me veía, hasta que un señor de otra piragua le avisó que estaba más adelante. Un gran susto. Pero no nos amendrantamos, seguimos el descenso metiendonos por los rápidos, aunque nos asegurábamos que no hubieran más piraguas alrededor, porque ahí era donde se ponía peligroso.
Justo en medio del recorrido, alguien muy avispado tuvo la idea de montar un chiringuito. Es justo debajo del segundo puente. Dejas la canoa a la orilla, y bajas a tomarte unas cervecitas, unas sidras o lo que te apetezca. Es importante, una vez hecha la parada en el bar, ir con mucho cuidado en el río, puesto que con el calor que hace la mayoría nos hemos tomado dos o tres tercios de

Mahou 5 estrellas, y la capacidad de reacción no es la misma. Podríamos decir que hasta el chiringuito es la parte aventurera del descenso; a partir de las cervezas, hay que bajar con calma. Ya sabéis, si bebes no conduzcas, ni navegues.
El verano pasado repetimos la aventura, pero con las lluvias de primavera el río estaba mucho más crecido, bajaba mucha agua, a diferencia del primer año, que había tramos en los que tenías que bajarte del kayac, cogerlo a hombros y pasar andando, pues había zonas tan escasas de agua que encallabas con las piedras del fondo. Pero el año pasado no era así. He de decir que el verano pasado bajamos mucho más cautelosos, pero nadie nos libró de volcar en otro rápido, y de perder otro par de gafas de sol.

Lo peor del año pasado llegó cuando nos encontramos con una parte del río en la que el lado derecho iba casi sin agua, pero el izquierdo bajaba con muchísima corriente y muy rápida; todo el mundo estaba bajado de su kayac avisando a los que llegaban que pasaran por el lado derecho, ya que en el izquierdo se había caído un árbol en mitad del río, y según entrabas con la piragua, te golpeabas contra el árbol a la altura del pecho y te quedabas atascado en medio de la corriente con el kayac y el árbol. Nosotros nos bajamos nada más ver a la gente, y pasamos por la derecha empujando la piragua; pero algunas personas no lo hicieron, y allí llegó el problema. Una vez metido en el rápido lo más sensato que podías hacer era tirarte de la piragua, dejarte arrastrar por la corriente y pasar por debajo del árbol. LLegaba un grupo de chicas en tres piraguas, todos gritándoles para que se tiraran del kayac; todas lo hicieron, menos una. Se metió un porrazo enorme contra el árbol, y se quedó enganchada, se le fue la canoa y se agarró al tronco del árbol, en medio de toda la corriente. La gritábamos que se soltara y se dejara llevar, pero la chica estaba muy asustada y no se atrevía a soltarse. Pues allí que se metió Marcos para sacarla. Yo acojonada, y maldiciendo a Marcos por meterse allí. Como pudo llegó hasta la chica, la sujetó fuerte del brazo, y la dijo que se dejara arrastrar con él por el río.Después de unos minutos, aparecieron corriente abajo; Marcos con todas las piernas arañadas por el árbol, y la chica con ataque de pánico brutal. Cuando salieron hacia el lado derecho, que apenas traía agua, se abrazó a Marcos y se puso a llorar de puro miedo. La intentamos tranquilizar como pudimos hasta que llegaron sus amigas, y seguimos río abajo. Otro susto monumental.
Este jueves hemos quedado con mi amiga Sandra y su novio. Nos vamos a Ribadesella a hacer el descenso de nuevo. No hay que perderse esa aventura, es muy divertido. A pesar de los sustos, de las gafas de sol perdidas en el rio, merece la pena. Sólo que este año tenemos que ir con más cuidado, pues ha llovido mucho y el río puede estar muy crecido. Además, vamos con estos amigos, y para ellos es su primer descenso. Aprovechamos y nos quedamos hasta el lunes, así podemos ir a la playita y disfrutar de Asturias otra vez.
Ya os contaré a la vuelta.